Los ibones altoaragoneses, oasis de riqueza natural y vida en el Pirineo

(Reproducido de Diario del AltoAragón)

Un grupo multidisciplinar de investigadores estudia los lagos en Huesca

ÁNGEL HUGUET (25/03/2012)

BARBASTRO.- “Los ibones altoaragoneses son un patrimonio natural riquísimo y merecen la misma protección que el patrimonio cultural de las ermitas e iglesias”, destaca Carlos Rodríguez, presidente de la Fundación Boreas. Forma parte del equipo multidisciplinar constituido por investigadores que han impartido el curso monográfico sobre este tema entre los alumnos de la Universidad de la Experiencia, subsede de Barbastro, con Alfonso Pardo, Javier del Valle y Tomás Arruebo, profesores de la Universidad de Zaragoza. En los cursos de 2010 y 2011, explicaron los resultados del trabajo a los alumnos de Jaca y de Sabiñánigo.

Los miembros de esta Fundación aragonesa han participado y liderado varios proyectos e iniciativas relacionadas con estudios medioambientales de los ibones altoaragoneses, desde el año 1999. Gracias a los resultados de su trabajo han contribuido a la conservación y sostenibilidad del medio natural y del medio ambiente con proyectos de investigación y desarrollo, posibles a través de convenios y sistemas de colaboración con instituciones y entidades.

Los ibones “merecen la misma protección que el patrimonio cultural de las ermitas e iglesias”

Limpieza subacuática. JOSÉ MANUEL CRUZ

Las actividades principales se han centrado en los lagos de alta montaña (ibones) situados en el Pirineo de Huesca donde han tomado muestras invernales para valorar el estado de conservación, diagnóstico, análisis comparativo y propuestas posteriores.

En concreto, los ibones de Sabocos, Truchas, Astún, Baños, Marboré y “lago helado” que han sido los dos más recientes. En el ibón de Baños (Panticosa) se realizaron tareas de limpieza subacuática.

Carlos Rodríguez explica que “se han estudiado varios ibones y algunos están en peor estado del que se podía esperar, a diferencia del grado de conservación excelente de los que se encuentran más alejados y su acceso es más difícil. En concreto, Marboré, ibón helado, Truchas y Sabocos. De todos, el que está en peor estado es Sabocos porque muchas personas que se acercan al entorno arrojan desperdicios por los recovecos de las rocas pero la afección es muy escasa”.

El ganado que pasta, de forma puntual, “puede originar afecciones cuando lo dejan suelto, patea y defeca por las orillas, caso concreto del ibón de Asnos, de escasa profundidad. La gran cantidad de nutrientes origina un crecimiento desmesurado de algas”, explica Rodríguez. Además, se han detectado otros agentes. “La dispersión de contaminantes viene de puntos muy diversos porque la atmósfera es algo global que no conoce fronteras”.

Se refiere, por ejemplo, a la contaminación de industrias del propio entorno y de otros países. “Se dispersa y llega de diferentes formas de precipitación porque hemos encontrado trazas y signos de elementos que no tendrían que estar en ibones”. Los lagos del valle de Benasque están entre los objetivos de investigación. “Cregüeña es el ibón más grande que tenemos en el Pirineo, con una profundidad en torno a los 100 metros. La batimetría realizada por la Confederación Hidrográfica del Ebro llegó hasta ese fondo. Es el más inaccesible de todos y aunque es un paseo atractivo requiere de gran esfuerzo acercarse hasta allí. Es posible que, si encontramos algo, sean afecciones de partículas y alguna traza”.

Se han estudiado seis ibones de los 197 que hay catalogados en la cordillera pirenaica

Los miembros de la Fundación esperan “llegar pronto” al lago de Cregüeña para tomar muestras. “Ojalá podamos decir que se ha encontrado el ibón de referencia, sin contaminación”. Está situado a 2.630 metros de altitud, sobre la vertiente meridional de la Maladeta, el tercer lago de alta montaña por extensión, al que se llega por un recorrido muy atractivo y un final espectacular.

Diez años de investigación

Los trabajos de investigación y estudio comenzaron hace más de diez años. “Se iniciaron en el ibón de Baños por su accesibilidad y porque sabíamos que estaba muy alterado, antropizado, porque durante años hubo un aporte de basuras, restos y materia orgánica generada en los propios hoteles que se filtraron por las fosas sépticas”.

Explica que “el deterioro era grave pero, a día de hoy, ha mejorado porque se instaló una planta depuradora cuando construyeron el Resort y no se filtra la materia orgánica al interior. Las aguas son más claras, transparentes y cristalinas. En verano ya no se ve la sopa característica y aumenta la biodiversidad. Hemos hecho dos limpiezas subacuáticas en este lago”.

Por primera vez, en septiembre de 2011, tomaron muestra en el ibón Helado de Monte Perdido y realizaron tareas de limpieza con buceadores. “Ha recogido los desperdicios de muchos años, no había suciedad por malas prácticas sino por arrastres, por lo menos los quitamos del lago”. Este año repetirán tomas de muestras en Panticosa, Sabocos, Truchas, Astún y si es posible, Marboré y el ibón Helado que son más difíciles por accesos”.

Extinción a largo plazo

Hasta ahora han estudiado seis ibones. “Hasta los 197 catalogados en el Pirineo aún quedan muchos y es imposible. Algunos no son permanentes o están en proceso de colmatación porque, a largo plazo, dentro de miles de años se extinguirán”. De la misma forma que hay un estudio relativo a los progresiva desaparición de glaciares en el Pirineo, “el proceso natural de los ibones es que disminuyan por colmatación y al final se convierten en una turbera”.

Señala que la mayor parte de turberas que hay en el Pirineo son “antiguos ibones” y, respecto al plazo de desaparición, “no creo que estemos aquí para verlo porque es un proceso muy lento”. Destaca la provincia oscense como “la que más lagos tiene y un recurso natural para proteger y cuidar”.

Conciencia social

En este sentido, “tenemos un gran patrimonio cultural de ermitas, iglesias y museos que protegemos, sin embargo no hacemos nada por este patrimonio natural riquísimo”. Una razón por la que apela a la conciencia social con actividades de protección y de sensibilización ambiental. En su opinión, “los ibones altoaragoneses son un tesoro del patrimonio natural pirenaico, islas de vida acuática en la alta montaña”.

En resumen, “igual que se cuida una ermita de arte románico, se debe cuidar y disfrutar de los ibones sin dejar huella para que otros disfruten con las mismas sensaciones”. En la investigación de los ibones altoaragoneses, “entre el conocimiento y la aventura” participan profesores de diferentes áreas, geólogos, geógrafos, físicos, químicos y ambientólogos que forman un equipo multidisciplinar para realizar diferentes estudios e informes.

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